Cinturones de castidad política

Posted by Jorge Francisco Cabral Bravo  /   mayo 14, 2017  /   Posted in Opinión  /   No Comments

Con solidaridad y respeto a Miguel Angel Yunes Linares, Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla

 

El presente dura un instante. Es tan breve que es difícil de captar. En cambio, el pasado es un archivo enorme de hechos y memorias.

Pero cada decisión que tomamos en ese presente efímero va forjando un futuro que es inevitable. No escuchar los tiempos también es una decisión que no detiene el futuro, pero que nos hará más difícil enfrentarlo.

El avance del tiempo y los cambios que trae aparejados van más allá de partidos, de corrientes políticas y de ideologías. Hoy vivimos una época particularmente compleja.

La maternidad es un privilegio. Dar vida es una de las experiencias más gratificantes y sorprendentes a la que una mujer pueda acceder. Nunca concluye el proceso. Pese a la sublimación de la maternidad, no todas las mujeres tienen esa vocación. Reconocerlo es casi imposible por la presión social para formar familias, base de la reproducción de las sociedades. No hay escuela, aun cuando proliferan teorías. Un día para festejar, 10 de mayo pero sobre todo para reflexionar sobre el grave problema de las madres adolescentes en nuestro país, que por cierto nos da un vergonzoso primer lugar en la OCDE, con una cifra anual de 340 mil nacimientos en mujeres menores de 19 años.

Y lo más triste es que sólo en 17 estados se establece, en su legislación de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, como edad mínima para contraer matrimonio los 18 años sin excepción ni dispensa.

La legislación de Tabasco sólo está armonizada parcialmente, mientras que 14 entidades no contemplan en sus leyes estatales de derechos disposición alguna sobre la edad mínima para contraer matrimonio.

Es importante mencionar los estados a los que no les importa este grave problema que trunca la vida de los adolescentes, además de que en muchos casos las jóvenes madres tienen hijos de hombres adultos de más de 30 años.

Son: Chihuahua, Coahuila, Colima, Guanajuato, Jalisco, Edo. De México, Morelos, Nayarit, Querétaro, Qintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Veracruz y Zacatecas de acuerdo con el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes.

Para mostrar el incremento de embarazos adolescentes veamos las cifras; la tasa de fecundidad para este grupo de mujeres pasó de 69.2 hijos por cada mil mujeres en el trienio 2006-2008, a 77 por cada mil mujeres para el trienio de 2011-2013.

De acuerdo con la estadística del Inegi, la tercera parte de las mujeres adolescentes, en el grupo entre 15 y 19 años, ya inició su vida sexual y de ellas casi la mitad (44.9 por ciento) declaró que no utilizó ningún método anticonceptivo en su primera relación sexual, lo cual no sólo implica riesgo de embarazo, sino también enfermedades como el sida.

Pero además de este grave problema de las madres adolescentes, tenemos una mayor fecundidad entre las mujeres más pobres y con menos educación.

La tasa de fecundidad en México es de 2.21 hijos por mujer para el trienio 2013-2015.

Y obviamente las mujeres con mayor escolaridad tienen menos hijos, ya que la tasa es de 1.79 por mujer, mientras que las que tienen menos estudios y mayor pobreza tienen 3.30 hijos por mujer.

Los hijos son los más severos jueces. Nos conocen perfectamente y es también el amor lo que impide nos condenen por nuestras múltiples imperfecciones y errores.

Y cuando se produce el milagro de la vida en nuestros hijos, se entienden a cabalidad las limitaciones y los esfuerzos de ser padres.

Esa vivencia da sentido a la existencia, complementa el amor de nuestra pareja, de una manera distinta, y a veces, más intensa.

La experiencia de la maternidad es a veces rechazada. El embarazo adolescente es un problema grave en México. Niñas dando a luz a otras niñas no es una elección, es casi siempre un error por desconocimiento, por falta de educación sexual, satanizada por motivos religiosos. El rechazo a asumir la responsabilidad de la crianza, cuando la propia aún no concluye, es un drama humano, para la madre y el hijo.

La maternidad se dice popularmente es innegable, mientras la paternidad es un acto de fe.

Lo cierto es que en general hay una gran presencia de la madre y existe una gran ausencia del padre en muchas familias mexicanas.

Las mujeres solteras, divorciadas, viudas, e incluso casadas que encabezan y sostienen su familia es cada vez mayor. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha implicado fuertes cambios en los roles tradicionales de las mujeres como madres.

Sin embargo, el apoyo a las madres trabajadoras aún es limitado. No hay suficientes guarderías de calidad. No hay acompañamiento institucional en la crianza de los hijos para evitar sean abandonados durante las jornadas laborales. Las dobles jornadas de madres trabajadoras son además limitantes para su pleno desarrollo y el de sus hijos, Las oportunidades para que las mujeres tengan mejores oportunidades de crecimiento laboral, también se ve limitada por roles tradicionales. Hay avances, no suficientes. La maternidad debe ser una elección libre e informada. Solo madres felices pueden hacer hijos felices.

Nadie debe imponer a una mujer esta decisión de vida tan importante. Respetar ese derecho es un tema controvertido cuando se habla de interrupción legal de embarazo.

Criminalizar a las mujeres no impide que éstas tomen las decisiones relativas a su proyecto de vida. Las prohibiciones solo elevan los riesgos, al poner en peligro la vida y la salud reproductiva de las mujeres. Imponer una sola moralidad a toda la sociedad es violar la autonomía de la voluntad, intrínseca a la persona. La interrupción de un embarazo no es un método anticonceptivo, es una decisión durísima para una mujer, que le afecta profundamente, pone en la balanza valores y creencias.

 

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