El periodista ejemplar

Posted by Claudia Constantino  /   agosto 01, 2017  /   Posted in Opinión  /   No Comments

“En otros tiempos había un gran nombre que simbolizaba la fama de un periodista: Ernest Hemingway. Toda su obra, su estilo conciso y concreto tenía sus raíces en los reportajes que enviaba cuando era joven a un periódico de Kansas City.” (Milan Kundera. La Inmortalidad).

¿Qué es un periodista?

Antes, el periodismo era una misión practicada por unas pocas personas con amplios conocimientos de cultura e historia. Lamentablemente, ahora ha pasado a ser una profesión de masas en la que no todos son competentes. Hoy lo tratan como una carrera más que puede abandonarse mañana si no rinde los frutos económicos esperados. En consecuencia, ha perdido cierto aire aristocrático que lo distinguió en el pasado. Tan es así que en nuestros días, en cada pueblo hay una iglesia y una escuela de periodismo.

Ryszard Kapuscinski

En el verano de 1986 vivimos en Veracruz con intensidad la campaña política camino a la elección de un nuevo gobernador, 211 presidentes municipales y el nuevo congreso local. Participaron 9 partidos políticos en la contienda, y me tocó cubrir como reportera lo mismo a Humberto Ramírez Rebolledo, candidato del Partido Acción Nacional, como al que resultara el ganador de la gubernatura, el priista Fernando Gutiérrez Barrios.

Recién cumplí 18 años, con muchos sueños llenos de periodismo, un poco de cultura, y regular ortografía, me vi observando con detenimiento la acción, cuando Ramírez Rebolledo pronunciaba sus discursos incendiarios en cualquier plaza pública, sin más parafernalia que un equipo de sonido, cuatro o cinco personas que primero fungían como avanzada, para luego repartir panfletos y finalmente guardar todo, en la camioneta en que transportaban de punto a punto mamparas y demás arsenal. Durmiendo en hoteles varías estrellas por debajo de la modestia, y comiendo lo que simpatizantes del PAN nos ofrecían, recorrí Poza Rica, Gutiérrez Zamora, San Rafael y Palma Sola. Cada tarde: a reportar por teléfono mi día a la redacción, con la paciencia que requiere dictar una nota.

Pero también conocí la adrenalina de sentir que una multitud me iba a tragar, como en el multitudinario mitin del ingenio La Gloria, organizado por líderes cañeros para Don Fernando. Me petrifiqué y quedé en blanco cuando gracias a Dante Delgado Rannauro, conseguí entrevistar en exclusiva al candidato del PRI en el trayecto de regreso del ingenio al hotel Excelaris Hyatt, base de operaciones de campaña del ex secretario de gobernación.

Al volver a la redacción aquella tarde, frente a mí Olivetti, pensaba ¿cuántos años tendré el día que me sienta competente y a la altura de lo que me gustaría hacer? ¿Cuánto tiempo me tomará convertirme en una buena periodista? Tenía muchas preguntas y dudas. Veía los ires y venires de Alfonso Valencia Ríos a quien admiraba más, porque ya le habían dado el Premio Nacional de Periodismo, que porque fuera mi padrino. O suspiraba cuando veía pasar al joven y talentoso Luis Velázquez y me salían corazones, tras cada mañana de abrir la edición de El Dictamen para leer sus crónicas y reportajes. Me seguía preguntando: ¿cuánto tiempo me tomará parecerme a ellos?

Muchas entrevistas, crónicas, reportajes, columnas, cursos de redacción, de crónica, de creación literaria, conferencias, diplomados, un par de idiomas, muchos libros y años después, extraño los ideales de aquellos días. El orgullo por la profesión de periodista; a los señores periodistas que le daban estatura y clase al gremio. Extraño la fama instantánea que escribir para “el decano de la prensa nacional”, El Dictamen, traía aparejada. Extraño sentir orgullo, emoción, preocupación por ejercer la labor de periodista. Extraño esa sensación de pertenecer a una exclusiva cofradía; a una raza de seres humanos distinta; a un tipo de personas diferente.

Hoy, ningún personaje me impone, las preguntas salen a borbotones, las ideas fluyen, la pluma corre; no hay hoja en blanco cada tarde, ni cuatro notas al día que entregar antes de las seis. Ya viví, me preparé, aprendí. Al fin me siento lista, y queda mucho periodismo por hacer. Porque las rutas de la información son otras y el público es mayor.

Adaptarse a lo que hay es bravo. ¿Quién es el periodista más admirable de estos tiempos en México? Carmen Aristegui. Le quitaron su programa. Ejerce el periodismo a la saga de la difusión convencional. Ahora bate récords en internet. Toca sacudirse la nostalgia y dar el salto.

Es tremendo el riesgo que hoy se corre al hacer periodismo de verdad. “Hay que estar loco para exponerse tanto”, advierte todo el mundo. Nadie puede garantizar la seguridad de un ciudadano en México, menos de un periodista. Pero la vida de Hemingway tampoco la podía garantizar nadie en los campos de batalla de Italia, o España. Los periodistas siempre han estado locos. Y así seguirán…

Cualquier comentario para esta columna que comienza a transitar las nuevas rutas de la información a:

aerodita_constantino@hotmail.es

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