Solidaridad como proceso. Un antes y un después

Posted by Enrique Olivera Arce  /   octubre 01, 2017  /   Posted in Opinión  /   No Comments

Conforme se asientan las aguas  la realidad objetiva también va cediendo el paso a la razón, privilegiándola por sobre la subjetividad psicológica con la que emotivamente y no pocas veces inducida por los poderes institucional y fácticos,  se da cuenta del antes y el después de los sismos de los días 7 y 19 de septiembre. De los memes virales en redes sociales destacando en primer plano el heroísmo de una perrita de las fuerzas armadas como protagonista distinguida en las tareas de rescate, se pasa a un ascenso en la toma de conciencia de las mayorías empobrecidas de este país que, evidenciando que es posible transformar la realidad real a partir de la intercomunicación virtual, le van encontrando la punta al mecate en un esfuerzo más por hacer de la participación e inclusión colectiva herramienta útil en el camino de su liberación.

Así, el héroe de la jornada, no es más la simpática perrita, como el gobierno mexicano y los medios de comunicación  a su servicio destacan para desviar la atención en tanto recuperan el control de la situación, sino la participación anónima de miles y miles de mexicanos que se solidarizan con sus hermanos en desgracia.

El desborde de las instituciones del Estado por la iniciativa y participación activa, legítima y solidaria de la gente en los primeros minutos, horas y ya días  posteriores a los sismos, no es casualidad, sino que responde a causalidades profundas inscritas en una memoria histórica que se recrea en el imaginario colectivo cuando la sociedad así lo demanda.

El sentido de la solidaridad a mi modesta opinión, no responde a motivaciones psicológicas ni está inscrita instintivamente en el ADN de nuestra condición humana, como respuesta a la parálisis e inmovilismo derivada del sentimiento natural de impotencia frente a un desastre imprevisto;  nace, crece, se organiza y fortalece en el marco de un proceso socio histórico de acumulación de experiencias individuales y colectivas que, encontrando oportunidad y cauce de expresión  en un momento determinado del mismo proceso, antepone en la conciencia colectiva el nosotros por sobre el yo individualista, lo de todos por sobre lo que entendemos como propio impuesto por la ideología dominante, adquiriendo connotación política y sentido de la fuerza que conlleva la participación codo a codo al margen de las esferas de poder institucional y fáctico.

Descontento y  hartazgo acumulados a lo largo del tiempo cobran factura mostrando el músculo, oponiendo participación solidaria, responsable y consecuente a las Instituciones de un Estado en crisis desde endenantes. Las consecuencias sociales, políticas y económicas que derivan de los efectos de los sismos, lo mismo en términos de pérdida de vidas humanas que de bienes materiales aunque son de lamentarse, no constituyen en sí y por sí una crisis nacional como algunos comentan, éstas son apenas un pálido reflejo -no está de más insistir-, de la auténtica crisis que a lo largo de más de tres décadas de gobiernos neoliberales se ha ido conformando en México, la de un régimen político y social obsoleto y caduco que, sostenido por una partidocracia patrimonialista, corrupta y voraz no responde más a los intereses más caros del Estado-Nación.

Esta es la verdadera crisis que se vive en el Estado mexicano y, en el proceso acumulativo de toma de conciencia de las mayorías, la participación solidaria no solo referida a quienes de manera directa tomaran parte en las tareas de auxilio y rescate, así lo perciben, lo palpan y  han evidenciado, exhibiendo a la llamada clase política, a la partidocracia y al régimen que a estos cobija a partir de su eslabón más débil, la simulada democracia representativa y las instituciones electorales.

Mostrando quienes en la correlación de fuerzas políticas, pueden y deben tener prevalencia en un proceso electoral en el que se vota pero no se elige, poniendo contra las cuerdas tanto a la élite de los partidos políticos como al mismo proceso electoral 2018.

Que tanto las condiciones subjetivas de necesidad de cambio en la sociedad mexicana se corresponden con las condiciones objetivas que lo posibiliten para una auténtica transformación del régimen y su modelo económico dominante, está por verse. Es el pueblo de México el que tiene la última palabra, si asentadas las aguas logra avanzar en unidad y organización consecuente en torno a un programa mínimo para la acción en el corto y mediano plazo.

Hojas que se lleva el viento

Cumplidos los primeros 10 meses del gobierno de la alternancia en Veracruz, por lo ya andado se puede vislumbrar su fracaso. El gobernador Yunes Linares empecinado en la venganza se ha olvidado de gobernar. Y por si fuera poco, la mayoría de los medios de comunicación le siguen la corriente, empecinados en no ver más allá de su ombligo, girando en torno a una clase política aldeana sin rumbo ni brújula. Ve pasar la procesión y no se hinca, ausente en un debate serio sobre el futuro de Veracruz, problemática real y las alternativas consecuentes para salir de una postración recurrente, la prensa toma al proceso electoral 2018 como fin en sí  y no como oportunidad para atemperar la crisis, privilegiando dimes y diretes, chismorreo, trivialidades y especulación y, en no pocos casos, tomando como cierto el vaticinio que arroja la veleidosa guija.

Y peor aún, anclada en el pasado, participando como beligerante en el combate sin cuartel de Yunes Linares Vs. Fidel y Duarte de Ochoa.

Cd. Caucel, Yuc., septiembre 30 de 2017

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