Reconstrucción, el sentido de la vida

Posted by Jorge Francisco Cabral Bravo  /   octubre 09, 2017  /   Posted in Opinión  /   No Comments

Como comenté en este mismo espacio, apelo a la sensatez política y social para comprender que la reconstrucción es un proceso y una oportunidad para la democracia. Apelo a la inteligencia para llegar a acuerdos y convocar a la creación de un fondo único de reconstrucción dirigido al margen de ambiciones políticas y empresariales.

La magnitud del problema que debe resolverse  exige respuestas que, desde un principio, anuncien sus propósitos transexenales y su desapego de procesos electorales venideros.

Los partidos han ido cediendo ante la presión ciudadana en medio de la crisis social provocada por los sismos. Lo hacen tratando de beneficiarse cada uno, aunque simulan que es en bien de los ciudadanos. El PRI, además de refrendar la eliminación de fondos públicos, propone eliminar a los impopulares legisladores plurinominales. Estoy de acuerdo en que éstos desaparezcan del Senado (si bien podría usarse esa fórmula a nivel de cada estado con dos o tres senadores), pero no en el caso de los diputados. El clamor popular contra los plurinominales es casi unánime, porque la imagen de esa figura es muy negativa.

¿Qué ventaja conllevan los plurinominales en los países donde existen? Se trata de sistemas multipartidistas que buscan ampliar y mejorar la representación política en el Congreso. Sin plurinominales se genera un fenómeno de sobrerrepresentación del partido mayor en detrimento de los otros. Los pluris permiten igualar (o casi) el porcentaje de votos de cada partido con su porcentaje de curules. Paradójicamente, muchos simpatizantes de Morena apoyan esta propuesta, pero su partido, que bajo la fórmula actual obtuvo 35 diputados, sin plurinominales habría conseguido sólo 17.

El PRI calcula que el ahorro al eliminar a esos 200 diputados plurinominales sería de 11 mil millones de pesos. Pero dicho ahorro se podría hacer sin eliminar al actual sistema mixto; mantener 200 diputados de mayoría y 100 plurinominales (300 en total). Y desde luego, habría que eliminar el 8% de sobrerrepresentación que permite la ley actual para entonces si equiparar el porcentaje de votos con el de curules. Y ante el reclamo de que los plurinominales no los elige la gente y por tanto sirven a propósitos exclusivamente partidistas, sería bueno determinar la apertura de esas listas, es decir, que sean los ciudadanos, y nos los partidos, quienes con su voto determinen el orden de prelación con que esos diputados llegarían a la Cámara. Eso los iguala con los de mayoría al ser los electores quienes los elegirían de manera más directa.

Desde luego, eso implicaría una redistritación (de 300 a 180 demarcaciones) lo que no es fácil de hacer a botepronto.

El debate sobre el dinero público que los partidos se han asignado de forma abusiva es un tema polémico. Es el único gasto que está constitucionalizado (Artículo 41) y se ha vuelto un pretexto para la demagogia y la simulación. En lugar de debatir el modelo de financiamiento electoral se lucra con la tragedia mediante una guerrita infantil de ofertas y porcentajes.

Pero hay otros escenarios y voces que vienen de la sociedad civil y de las redes sociales. Estas miradas independientes presentan otra visión del tiempo. Un eje común en este otro escenario es la desconfianza para que el gobierno y algunos empresarios cercanos se hagan cargo del manejo de los fondos de reconstrucción. El país está harto de la corrupción en la obra pública y como dice un clásico, “estamos hasta la madre” de la corrupta asociación entre gobierno y empresas constructoras que se enriquecen con los recursos públicos. Una interrogante de este escenario se refiere a las posibilidades de cambio que se puede generar después de esta tragedia. ¿Habrá un sismo político? Sería terrible regresar a la vieja normalidad de las inercias.

Es imperativo comprender que el proceso de reconstrucción es una tarea política y social, que exige la inyección de confianza pública como la primera condición de su éxito. Por eso no debe etiquetarse a ningún partido, a ninguna empresa y ningún grupo social. No basta construir cosas, sino levantar personas y conciencias. Los verbos principales son superar, cohesionar, armonizar, unir, imaginar, colaborar y mejorar.

Un pueblo alterado puede hacer muchas cosas de las que después se arrepentiría (porque esas aventuras nunca terminan bien), pero la responsabilidad no recae tanto en el iracundo como en aquellos en los que en su momento debieron fomentar la templanza, el sentido de concordia; la tolerancia y en general propiciar el recto proceder de la administración pública.

El financiamiento público de los partidos políticos está fundado en una premisa que hoy parece escaparse por la puerta trasera que abrió la solidaridad post-sísmica.

El dinero es un factor de equidad para los contendientes siempre y cuando sea ejercido bajo el estricto rigor de la transparencia.

Los partidos son maquinarias de gasto con o sin campañas electorales. Es por eso que el INE los fiscaliza dentro y fuera de los periodos de campaña e impone sanciones ante irregularidades cuando detecta, entre otras cosas, gasto que no ha sido reportado.

En 2017 la autoridad detectó más de 364 millones de pesos de campaña en cuatro elecciones locales.

Aunque la decisión de rechazar una parte del financiamiento que reciben prometía para carambola de tres bandas, terminó rasgando el paño de la mesa con el taco.

¿Qué va a encontrar el INE cuando fiscalice el último trimestre de 2017?

El verdadero problema es la inconsistencia argumentativa del empeño por privatizar el financiamiento de la política.

¿Alguien podría estar tranquilo con la idea de que intereses privados financien de manera predominante las campañas electorales?

Entre magnánimos, “donadores” y plutócratas conversos, ambos bandos buscan desaparecer el financiamiento público y condenar la política a pagar una hipoteca eterna de intereses inconfesables.

Y todo lo anterior es lamentable porque el maniqueísmo no deja espacio para el debate y la reflexión profunda.

Tras el sismo resultaron damnificados los partidos políticos y sus liderazgos. Cada uno ha enfrentado la crisis de diversa forma.

Inicia así un proceso electoral de resultados inciertos, los sismos adelantaron lo evidente, la crisis del sistema de partidos. Implica que la sociedad no se siente representada. Revertir esta situación sólo es viable a través de abrir nuevos canales a la participación popular. Curiosamente toda crisis ofrece oportunidades y hay una, la reconstrucción.

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