Día de Muertos aviva a los mexicanos

Posted by deinterespublico  /   noviembre 03, 2017  /   Posted in Cultura, Destacado, Slider  /   No Comments

Xalapa, Ver.- El Día de Muertos es una festividad nacional de origen mesoamericano, en la cual el pueblo celebra y honra a sus familiares fallecidos mediante la colocación de altares u ofrendas sobre sus tumbas o en las casas, según la región del país en la que se encuentren. Las ofrendas se adornan con diversos elementos como imágenes de santos, veladoras, flor de cempasúchil, incienso, copal, pero sobre todo fotografías y la comida preferida del difunto a quien se dedica el altar.

Otras actividades que se llevan a cabo en esta celebración, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), son una gran variedad de danzas y cánticos en los que se representa el ciclo de la vida y la muerte, visitas a los cementerios para arreglar los sepulcros, e incluso la redacción de “calaveras literarias”, versos escritos de manera satírica en los que se hace referencia a una cualidad o defecto de un personaje, o se reflejan acontecimientos de interés general.

El Día de Muertos es una tradición que refleja la idiosincrasia del mexicano, quien tiene espíritu festivo por naturaleza, hecho que Octavio Paz refleja muy bien dentro de su ensayo “Todos Santos, Día de Muertos”: “En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido al de las grandes fiestas religiosas de México, con sus colores violentos, agrios y puros y sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio, trajes insólitos y la inagotable cascada de sorpresas de los frutos, dulces y objetos que se venden esos días en plazas y mercados”.

Amalgama de tradición indígena y española

Lourdes Aquino Rodríguez, académica del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana (UV), explicó que el Día de Muertos tiene sus orígenes muchos años antes de que los españoles llegaran al país, ya que de los 18 meses del calendario mexica, al menos seis contenían festejos dedicados a rendir culto a los difuntos.

Por otra parte, los españoles ya conmemoraban en su país a los muertos. Los días 1 y 2 de noviembre, en las regiones de Castilla la Vieja y Aragón, festejaban a los fieles difuntos, quienes según la tradición llegaban esos días por lo cual les hacían fiesta, preparaban sus camas, les horneaban pan, ofrendaban vino, arreglaban sus tumbas y hacían repicar las campanas de la iglesia.

Posteriormente, ambas festividades se encontraron en Mesoamérica, las cuales coincidieron en fechas y las tradiciones se mezclaron. Así nació el Día de Muertos que celebramos los mexicanos.

Celebración que aviva a Veracruz

En la entidad, esta festividad congrega una gran cantidad de manifestaciones culturales y la forma de celebrarla varía de un lugar a otro.

En Tempoal, localizado en la región Huasteca, se festeja el Xantolo, en donde decenas de pobladores disfrazados de calaveras y con vestimentas de diferentes oficios llevan a cabo “La viejada”, baile en que representan el regreso de los muertos que vienen a visitar a sus familiares.

En Naolinco, ubicado a 26 kilómetros de la ciudad de Xalapa, la noche del 1 de noviembre se celebra “La cantada”, tradición en la que habitantes locales y visitantes recorren las casas y entonan salmos ante los altares de muertos; en retribución, los anfitriones premian a los cantores con tamales y ponche de frutas, y en ocasiones con vino de uva silvestre que crece en la región.

San Pablo Coapan es una pequeña localidad perteneciente también al municipio de Naolinco, tiene alrededor de mil 600 habitantes que se dedican a la agricultura y a la ganadería, aunque también obtienen ingresos de la producción de pan.

Sus altares de muertos se caracterizan por su “cañón de plátano”, el cual consiste en el tronco de este árbol colocado horizontalmente, sobre el que se insertan grandes cirios de cera de abeja que a veces rebasan el metro de altura.

Minerva Lara, habitante de esta comunidad y productora de café, relató que los altares comienzan a colocarse desde el 28 de octubre, día en que llegan las personas que tuvieron una muerte violenta; conforme avanzan las fechas el altar crece de manera paulatina hasta llegar al 1 de noviembre, día en que luce en todo su esplendor.

“En los altares predominan las frutas que se cultivan en la región como guayaba, naranja, limón, berenjena, jobos, nísperos y jinicuiles; también incluyen platillos típicos del pueblo como tamales de huevo, ejote e incluso de bistec, los cuales son muy grandes ya que llevan un filete entero en su interior”, narró.

Mencionó que montar un altar de muertos tiene un costo aproximado de seis mil pesos, y para conseguir algunos de sus elementos se debe viajar a Naolinco o Xalapa, además los platillos son cambiados con cada comida.

Comentó que el 2 de noviembre se retira el altar, acto que es motivo de festejo en las casas, debido a que muchos habitantes del lugar son visitados por sus familiares y los alimentos del altar son repartidos; afirmó que la música y el baile son comunes durante ese día.

“Antes el ambiente de estos días giraba en torno al luto y la solemnidad, pero las generaciones más jóvenes lo han convertido un festejo”, expresó.

Espíritu de renovación para los totonacas

Crescencio García Ramos, investigador del Instituto de Antropología, explicó que el Día de Muertos tiene un significado de renovación en la concepción totonaca, ya que previo a este festejo las casas se limpian y arreglan a detalle para que reflejen armonía y así los espíritus que las visitan no extrañen el mundo que dejaron.

Mencionó que los ancianos de las localidades con población de origen totonaca, son quienes organizan a la comunidad para recibir las almas de los difuntos.

“A partir del día de San Lucas –18 de octubre–, los pobladores preparan la flor de cempasúchil, recolectan la hoja de plátano para hacer los tamales y desempolvan las herramientas que usarán para limpiar las sepulturas de sus familiares”, compartió.

Crescencio García enfatizó que un elemento fundamental dentro del altar de muertos totonaco son 13 estrellas fabricadas de palma de coyol, las cuales representan escalones que llevan al cielo y a diferentes deidades de la tierra que vigilan el universo.

“El centro es el eje del universo, por ello el altar es colocado en esa posición dentro de las casas”, y agregó que otro elemento indispensable en los altares totonacos son los tamales pues representan el sacrificio humano.

“Dentro de un tamal, el chile representa la sangre, y la masa la carne y huesos de los cuales estamos estructurados; al comerlo consumimos la riqueza humana representada en el altar”, manifestó.

El investigador declaró que los Días de Muertos son la mejor representación de que nada se detiene, que todo cambia y se transforma, y de que la muerte es necesaria para que la vida continúe.

“Esos días nos brindan la oportunidad de convivir y compartir alimentos entre amigos, compadres y familiares, además de sentir y disfrutar de la compañía de las almas de nuestros difuntos”, expresó

Impacto social y comercial

Los mercados mexicanos también contribuyen a que esta tradición prevalezca. En el caso de Xalapa, el Mercado Jáuregui es el lugar por excelencia que congrega los productos y alimentos alusivos a esta festividad.

A partir de los primeros días de octubre sus pasillos lucen una gran cantidad de artículos como ataúdes y calaveritas de azúcar y chocolate, dulce de jamoncillo, catrinas elaboradas con pasta francesa, veladoras de parafina y cera de abeja, incensarios, figuras de barro, canastas y manteles de papel picado, y por supuesto frutas de temporada como tejocote, mandarinas y caña de azúcar.

Norma Romero González comercializa desde hace 20 años calaveritas de azúcar y chocolate, así como dulce de jamoncillo, los cuales son fabricados a partir de semilla de calabaza.

Compartió que todos estos dulces los realizan sus familiares, quienes desde octubre trabajan a marchas forzadas para surtir la gran demanda de estos productos.

“Aunque antes las calaveritas de azúcar eran las más solicitadas, las de chocolate adquieren cada vez más popularidad debido a su exquisito sabor”, relató.

Rocío Díaz Martínez vende canastas de papel picado, las cuales construye con cartón y papel china; explicó que éstas se usan para llenarlas de dulces y colocarlas en el altar, y que los clientes las comienzan a pedir desde que inicia octubre.

“Yo comencé a fabricar las canastas a los cuatro años, mis papás me enseñaron, quienes a su vez aprendieron de mis abuelitos; tengo más de medio siglo de hacerlas y pienso continuar en esta labor para que la tradición familiar persista”, narró.

Rodeado de ramos de flor de cempasúchil, José Adrián Sánchez Fernández relató que desde hace 58 años vende flores en el Mercado Jáuregui, pues comenzó ayudando a sus papás en esta actividad.

“Mis padres vendían flores desde la década de 1940, les tocó vivir el incendio del mercado que ocurrió en 1952 y que consumió toda la mercancía”, declaró.

El comerciante comentó que desde un mes antes de Día de Muertos las personas empiezan a pedir la flor de cempasúchil, debido a que muchas dependencias e instituciones colocan altares en sus instalaciones y a que la tradición se encuentra más viva que nunca.

Mencionó que antes la flor provenía de los alrededores de Xalapa, pero ahora la traen de San Salvador Huixcolotla, Puebla, pues la periferia de la ciudad se quedó sin zonas de cultivos.

Tradición internacional

El Día de Muertos es una festividad que ha dado la vuelta al mundo y se ha instaurado en el gusto de los habitantes de diversos países; en la actualidad es común ver muestras de altares de muertos en ciudades como Nueva York, París, Vancouver y Londres, e incluso en países con culturas no occidentales como China y Japón.

Incluso este año la compañía de entretenimiento infantil Walt Disney estrenó en cartelera la película Cocó, cuya trama gira en torno a Miguel, un niño mexicano de 12 años quien vive en un pueblo en el que se festeja en grande esta fecha.

Sin duda, la fortaleza del Día de Muertos radica en que es una tradición que une a amigos, familiares e incluso a comunidades enteras, pues se recuerda a quienes ya fallecieron no con el dolor característico del luto, sino con gozo y alegría.

 

Comunicación Social UV/ Carlos Hugo Hermida Rosales

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