La paradoja

Posted by Gaudencio García Rivera  /   enero 02, 2018  /   Posted in Opinión  /   No Comments

La paradoja, circunstancia  y  tiempo.

Hace 20 años, un universitario, exrector y exsubsecretario de Gobierno conquistó la alcaldía de Xalapa, bajo las siglas del PRD-Convergencia.

El hartazgo contra el PRI en la capital del estado viene un poco más de dos décadas –en 1988 para ser exactos-, pero la cúpula del tricolor y del poder público han hecho oídos sordos.

No han querido corregir los yerros de la pésima selección de sus candidatos a la alcaldía y alcaldías. El mal de la partidocracia.

Incrédulos, piensan que con todo el poder de la maquinaria del aparato político priista y público iban a reconquistar la plaza, que ahora, se transmutó a Morena del Peje.

Lo resultados están a la vista. No aprendieron la lección. La selección de candidatos de representación popular no debe ser por afectos, vísceras o dedazo.

Alejandro Montano Guzmán, hoy flamante delegado federal de la Segob en Veracruz, gracias al protectorado de su padrino, el exgóber MAV, quien  rompió la maldición de que los ‘ex’ tienen la fuerza de un Tehuacán destapado, perdió la alcaldía de Xalapa en los comicios de 2017 por desarraigo popular y falta de talacha partidista.

Hace dos décadas arribó al poder del Ayuntamiento de Xalapa una cantera de universitarios de la UV, liderados por el visionario y arrojado exrector Rafael Hernández Villalpando.

Contra viento y marea, Rafael derrotó a la priista Rosario Piña en los comicios históricos de la debacle de 1997, durante la etapa del saliente góber Patricio Chirinos Calero (1992-98) y Miguel Ángel Yunes Linares, entonces dirigente estatal del PRI, quien buscaba suceder en el cargo a su patrón.

Fue la peor debacle en la historia contemporánea que sufría en el tricolor, en manos del irascible del hoy gobernador MAYL. Perdió más de la mitad de las 203 alcaldías que en esa época existían oficialmente.

Las elecciones de 1997 fueron el equivalente al tsunami de 2016 del tricolor, el dirigente estatal del PRI, cundido en la ira,  frustración y venganza abdicó a la presidencia de su partido, no sin antes exhibir públicamente a los culpables de la amarga derrota en Veracruz.

Si la Santa  Inquisición estuviera vigente no se hubiesen salvado de la hoguera los notables priistas Fidel Herrera Beltrán, Carlos Rodríguez Velasco y Gonzalo Morgado Huesca.

La tríada de “bribones”, los judas, a quienes  identificó plenamente de su amarga derrota Miguel  Ángel, hoy góber aliancista del PAN-PRD, fueron exhibidos mediáticamente con los saldos que hoy  consigna la historia.

Villalpando contra toda la maquinaria oficialista y del tricolor hizo morder el polvo a la exdirectora de Enseñanza Media, Rosario Piña, a Miguel Ángel y a Patricio Chirinos Calero gobernador.

Con las mejores expectativas, Rafael llegó a la silla municipal de Xalapa para darle otro giro político social y evitar la dependencia, el cordón umbilical con el gobernador en turno, acompañado de un selecto grupo de universitarios, entre ellos, Reynaldo Escobar Pérez. Su mejor carta, su leal amigo,  para sucederlo.

El munícipe había contado también con el apoyo de su amigo y líder nacional de Convergencia, Dante Delgado, hoy Movimiento Ciudadano que se integró al Frente por México –PAN, PRD-MC- en la lucha por la presidencia de la  República, para llegar por primera vez a la alcaldía de Xalapa.

Pero la patología por el poder público no se hizo esperar. En 1998 arribó al poder Miguel Alemán Velasco (1998-2004). Rafael empezó a tener diferencias de fondo con el góber Alemán, de la retórica intimidatoria y explosiva de ambos,  pasaron a los hechos inéditos.

Rafael alcalde le mandó a tirar un camión de basura a los corredores de Palacio de Gobierno, difundió algunos pasajes de un libro que cuenta  la vida íntima en su soltería de la estrella de cine, Christián Martell, cónyuge de Alemán.

El agravio estaba hecho, evidentemente, Alemán no tardó en responder. La tirantez entre el alcalde y el gobernador había rebasado los límites de la tolerancia. El góber se dio cuenta que su inquisidor era un singular “bígamo”, ¡gran descrubrimiento!, y lo mandó a desaforar por conducto de la Legislatura local.

Reynaldo Escobar, síndico de la comuna, proveniente del PFRN, amigo y correligionario de Villalpando, fue ungido como alcalde sustituto para concluir la alcaldía. El Torquemada fue nada menos que el priista y entonces líder cameral Ignacio González Rebolledo.

Ya ungido, Rey  traiciona a Villalpando y a la postre se convertiría en el alemanista más  acendrado de los alemanistas. Un vil carroñero.

Con el advenimiento a la alcaldía de Xalapa de Hipólito Rodríguez Herrero, por Morena, pero resguardado con las diputaciones federal y local, salió a la luz del intríngulis la paradoja del traidor.

Todos esperan (mos) con el venerable Polo un gobierno democrático, plural, transversal, donde predominen las ideas sin sometimiento, ni autoritarismo falaz o arrodillamiento sobre los demás. Siempre habrá un judas en el banquete, ojalá no se repita el epílogo de hace 20 años. ¡Los malvados nunca faltan!

¡Feliz Rosca de Reyes!

Comentarios a gau41@hotmail.com

@12hrsver

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